domingo, 3 de febrero de 2008

Nosotros creemos en Dios

Los artículos de fe de La iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días (la iglesia mormona), define en 13 puntos sus creencias básicas. El primer articulo de fe dice: "Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo."

En el libro Artículos de Religión de 1801 la Iglesia Protestante Episcopal de EE.UU. define a Dios de la siguiente manera: "HAY un solo Dios vivo y verdadero, eterno, sin cuerpo, partes o pasiones", y sobre la trinidad dice: "Y en la unidad de esta Naturaleza Divina hay Tres Personas de una misma substancia, poder y eternidad; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo."

A primera vista las creencias parecen similares, sin embargo a diferencia de los demás cristianos, los mormones no creemos en un dios incomprensible, sin partes ni pasiones, sino que creemos que Dios es nuestro padre celestial y como tal posee un cuerpo glorificado y perfecto. A semejanza de ese cuerpo fuimos creados. Posee pasiones ya que su amor hacia nosotros es infinito, sufre cuando lo rechazamos y se regocija cuando lo obedecemos.


Creemos que Jesucristo es el hijo literal de Dios, con un cuerpo y espíritu propio, nacido de Maria, quien lo concibió siendo virgen. El vivió una vida perfecta y expió los pecados de toda la humanidad. Murió en la cruz y al tercer día resucitó venciendo a la muerte. Así como él resucitó, todos resucitaremos para ser juzgados por él.

El Espíritu Santo no tiene un cuerpo físico porque su misión así lo requiere. Él testifica del Padre y del Hijo, brinda consuelo, inspiración, nos enseña y nos recuerda las palabras de Cristo.

Leyendo las explicaciones acerca de la naturaleza de Dios que brindan los credos como el de Nicea-Constantinopla, me tope con aclaraciones donde, discutiendo si el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, se afirma lo siguiente: "El uso de esta fórmula en el credo fue poco a poco admitido en la liturgia latina. Sin embargo, todavía hoy, es un motivo de no convergencia con las Iglesias ortodoxas."

Nuestro conocimiento de la naturaleza de Dios proviene de la revelación. Creemos que, como nuestro Padre amoroso, Dios se comunica con nosotros a través de profetas tal como lo hizo en la antigüedad. Pero también creemos que nos enseña la verdad de todas las cosas, si le preguntamos, a través del Espíritu Santo.

jueves, 24 de enero de 2008

Creencias de los mormones en Español

Una de las creencias fundamentales de los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (los mormones) es que Jesucristo mismo restauro su Iglesia con profetas y apóstoles tal como en la antigüedad. A diferencia de muchos cristianos, creemos que Jesucristo mismo dirige la Iglesia a través de la revelación, de la misma manera en que dirigió a Pedro a Santiago y a Juan luego de su ascensión al cielo.


El profeta mediante el cual esta restauración comenzó se llamo Jose Smith (1805-1844). Una de las primeras tareas que el Señor le mando a Jose Smith como parte de esta restauración fue traducir un registro antiguo que contenía la "plenitud del evangelio". Este registro contenía los tratados del Señor con los habitantes del continente americano desde 2000 años antes de Cristo hasta 450 años después de Cristo. En 1829 el registro se publicó como El Libro de Mormon.



"El estandarte de la verdad se ha izado. Ninguna mano impía puede detener el progreso de la obra: las persecuciones se encarnizarán, el populacho podrá conspirar, los ejércitos podrán juntarse, y la calumnia podrá difamar; mas la verdad de Dios seguirá adelante valerosa, noble e independientemente, hasta que haya penetrado en todo continente, visitado toda región, abarcado todo país y resonado en todo oído, hasta que se cumplan los propósitos de Dios, y el gran Jehová diga que la obra está concluida"
José Smith, History of the Church, 4:540

Hace mas de 150 años el profeta Jose Smith pronuncio estas palabras ante la feroz persecución que su gente recibía por creer que Jesucristo había restaurado su Iglesia. El crecimiento de la Iglesia, aun después de su martirio, es una prueba de su llamamiento como profeta.